LOS NUMEROS UNDECIMO Y DUODECIMO, CON UNA DOBLE ESCALA DEL NUMERO DUODECIMO, LA CABALISTICA Y LA ORFICA

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En razón de que el número Undécimo transgrede al décimo que es el de la ley y los preceptos, y está en mengua respecto del duodécimo que es el de la gracia y la perfección, se lo denomina número de los pecados y los penitentes; por ello se ordenaba confeccionar once sacos de cilicio en el tabernáculo; aquellos eran la vestimenta de los penitentes y de quienes lloraban sus pecados. Este número no tiene comunicación alguna con las cosas divinas, ni con las celestes, ni atracción ni escala alguna que conduzca a los superiores. Aunque no tiene mérito alguno, empero a veces obtiene alguna gracia gratuita del cielo, como aquél que fue llamado a la hora undécima a la viña del Señor, y recibió la recompensa de quienes sufrieran el agobio y calor de todo el día.

Mas el número Duodécimo es divino, porque sirve para medir los cielos, y ayuda al gobierno de los espíritus; pues en el Zodíaco hay doce signos en los que presiden doce ángeles principales, sostenidos por el rocío del gran Nombre de Dios. Júpiter efectúa su recorrido en doce años, y la Luna recorre doce grados por día. En el cuerpo humano hay doce articulaciones principales, a saber: en las manos, en los codos, en los hombros, en los muslos, en las rodillas y en las vértebras de los pies. La fuerza del duodenario es también grandísima en los misterios divinos. Dios eligió doce familias’ de Israel, y les confió doce príncipes; ordenó que hubiese doce piedras ubicadas en el fondo del Jordán y otras tantas sobre el pecho del sacerdote. Hubo doce panes de proposición; y el altar estaba construido con doce piedras, y el mar de bronce construido por Salomón estaba sostenido por doce leones; en Helim había doce fuentes; a las doce tribus se les adjudicaron doce apóstoles del Cristo; fueron señalados y elegidos doce mil hombres de los pueblos; la Reina del Cielo fue coronada con doce estrellas; y en el Evangelio hay doce cestas de pedazos de pan sobrantes; doce ángeles presidían en las doce puertas de la ciudad; y había doce piedras en la Jerusalén celeste. Entre las cosas inferiores, muchos seres crecen con este número: la liebre y el conejo, que son muy fecundos, engendran doce veces al año; el camello gesta su fruto durante doce meses, y el pavo real pone doce huevos.

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