Diccionario de Sueños
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LOS NOMBRES DE LAS ALMAS CELESTES, Y SU DOMINACION SOBRE ESTE MUNDO INFERIOR, A SABER, EL HOMBRE

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Los Nombres de las Almas Celestes existen en gran número y diferentes proporciones de poder y virtud que tienen sobre los cuerpos de este mundo inferior, de donde obtuvieron muchos nombres de los cuales se sirvieron los antiguos en sus himnos e invocaciones. Respecto de lo que debe señalarse sobre cada una de estas almas, según la teología de Orfeo, tienen dos virtudes; una consiste en el conocimiento, la otra consiste en vivificar y gobernar su cuerpo. En este sentido Orfeo llama, en las esferas celestes, a la primer virtud Baco, y a la otra, Musa, Por ello nadie se embriaga con un Baco que no haya desposado antes a su Musa. Se distinguen, pues, y se ponen nueve Bacos, junto a las nueve Musas.

Según esa doctrina, Orfeo coloca en la Novena esfera al

Baco Cibronio y a la Musa Calíope.

En eI cielo de las Estrellas a Picionio y

Urania. En el cielo de Saturno, a

Anfieto y Polimnia. En el cielo de

Júpiter a Sabasio y Terpsícore. En el

cielo de Marte a Basario y Clío. En el

cielo del Sol a Trietérico y

Melpómene. En el cielo de Venus a

Lisio y Erato.

En el cielo de Mercurio a Sileno y Euterpe.

En el cielo de la Luna al Baco Lieo y a la Musa Talía.

De modo parecido, también en las esferas de los Elementos, nombra y ubica las almas de esta manera:

En el fuego ubica a Faneta y Aurora.

En el aire ubica a Júpiter fulminante y a Juno. En el agua a Océano y Tetis.

En la tierra a Plutón y Proserpina.

Pero para el alma del mundo, o de todo el universo, los magos lo llaman Júpiter Mundano, y el espíritu del mundo se denomina, según ellos, Apolo, y la naturaleza del mundo, Minerva.

Además, ubican en el fuego a Vulcano, en el agua a

Neptuno, y denominan con nombres diversos a esas divinidades.

Los pitagóricos ubicaban, de modo parecido, en los doce

signos del Zodíaco, a los dioses particulares, o almas alojadas en

el corazón de estas clases de astros y que desde allí gobernaban al

signo en toda su extensión. Por ejemplo, en el corazón de Aries,

una Palas particular; en el corazón de Tauro, una Venus

particular; en el corazón de Géminis, un Febo particular; en el

corazón de Cáncer, un Mercurio; en el corazón de Leo, un Júpiter;

en el corazón de Virgo, una Cerca; en el corazón de Libra, un

Vulcano; en el corazón de Escorpio, un Marte; en el corazón de

Sagitario,

una Diana; en el corazón de Capricornio, una Vesta; en el corazón de Acuario, una Juno particular; en el corazón de Piscis, un Neptuno particular. Manilio canta esta doctrina en estos versos:

Palas vela sobre el morueco, Venus sobre el toro, el bello Febo sobre los gemelos, Cilene sobre el cangrejo; Júpiter, junto con la Madre de los dioses, gobierna al león; la virgen está en Ceres portadora de la espiga; la balanza en Vulcano que la fabricó; el escorpión batallador está con Marte; el cazador con Diana; pero Vesta calienta los pequeños astros del capricornio, y de la parte caballar; y el aguador es el astro de Juno en faz de Júpiter; y Neptuno reconoce sus peces en el mar.

El antiquísimo Orfeo, aI escribir a Museo, efectúa la enunciación más grande de divinidades, al igual que de sus diferentes nombres, aspectos y funciones, llamando a cada una en particular por sus nombres en los himnos que les dedicara. Nadie deberá creer, pues, que estos nombres son nombres de demonios maléficos y engañadores; por el contrario, deberá saber que estos son nombres de virtudes naturales y divinas que el buen Dios estableció para servicio y utilidad del hombre que sepa utilizarlos. La antigüedad acuerda en gobierno, a cada una de estas divinidades, cada miembro del cuerpo humano en particular, como por ejemplo la oreja a la memoria, que Virgilio dedica también a Febo en estos términos: Cintio me tironeó la oreja, advirtiéndome. Es así que Numa Pompilio, según lo expresa Tito Livio, consagró a la fidelidad la mano derecha, que es el símbolo de la fuerza, y con la que se efectúa el juramento. Los dedos están bajo la protección de Minerva, y las rodillas están dedicadas a la misericordia; por ello, quienes oran flexionan las rodillas. Algunos dedican el ombligo a Venus, como sede de la lujuria; algunos relacionan todos los miembros del cuerpo con el ombligo, como su centro, y dicen que está consagrado a Júpiter: por ello, en el templo de Júpiter. Amón se veneraba la efigie de un ombligo. Los antiguos mencionan muchas otras regiones y también partes menores y articulaciones del cuerpo, a las que asignan por separado, su divinidad; si se conocen bien aquéllas y sus divinidades no se descubrirá nada contrario a la piedad verdadera, corroborando lo dicho por las Escrituras Sagradas, en el sentido de que todos los miembros de nuestro cuerpo son gobernados por las virtudes de lo alto. Trataremos todas esas cosas con mayor amplitud en el libro siguiente, y diremos que no sólo los miembros sino también todos los ejercicios de los hombres tienen cada uno su divinidad, como la casa respecto de Diana, y la guerra respecto de Palas, la agricultura respecto de Ceres; de esto habla así Apolo, en Porfirio, en relación con los oráculos:

La Madre de los dioses es la dueña de las flautas, de los tambores y las danzas; Palas se complace en crueldad y fragores de guerra; Diana toma sus goces cazando en bosques y sotos; Juno gobierna la lluvia y los vientos del aire; Ceres gobierna la mieses de los campos; y un alma fiel busca a su Osiris en las riberas del Nilo.