LAS IMPRECACION Y EL ESPIRITU DEL HOMBRE
Las almas de los cuerpos celestes dan sus virtudes a sus cuerpos, que luego las comunican a este mundo sensible, pues las virtudes del globo terrestre no tienen otra causa que una causa celeste. Por ello, el mago que quiere operar mediante la fuerza de estas almas, efectúa la invocación dirigida a estos seres superiores a través de palabras misteriosas y de cierta fórmula de palabras ingeniosas, atrayendo una tras otra, con una fuerza, sin embargo, natural, por cierta conveniencia mutua entre ellas, por la que las cosas provienen de sí mismas o de la fuerza. Esto hace decir a Aristóteles, en el libro sexto de la Filosofía Mística, que cuando alguien, mediante ligadura o fascinación, quiere invocar al sol o a las demás estrellas, rogando que cooperen en la obra que desea, el sol o las demás estrellas no oyen su plegaria pero de algún modo se ponen en movimiento siguiendo cierta relación natural y secuencia mutua, con la que las partes del mundo están subordinadas y conspiran juntas para realizar su gran unión; lo mismo ocurre en el cuerpo humano; un miembro se pone en movimiento y recibe el movimiento de otro, o en un instrumento una cuerda puesta en movimiento imprime movimiento a otra. Asimismo, cuando alguien imprime movimiento a alguna parte del mundo, las otras partes se ponen también en movimiento, recibiendo los movimientos transmitidos; en consecuencia, el conocimiento de la dependencia de las cosas que se siguen es el fundamento de toda maravillosa operación y se requiere necesaria-mente para poner en ejecución la fuerza de atraer las virtudes celestes. Las palabras de los hombres son ciertas cosas naturales ; y puesto que las
partes del mundo se arrastran naturalmente unas y otras, y actúan relativamente unas sobre otras, el mago, al invocar mediante palabras, oF a través de las fuerzas propias de la naturaleza, conduciendo ciertas c< por amor de una a otra, o atrayéndolas a causa de la secuela de una c para con otra, o rechazándolas a causa de la antipatía de una con otra, se: la contrariedad, diversidad y multitud de virtudes las que, aunque s contrarias o diferentes, no realizan sino una parte de la operación
veces también fuerzan, con una especie de superioridad, las cosas medi te la virtud celeste. Pues si un hombre siente la impresión de una liga ra o fascinación, no la siente según el alma razonable sino según la í sual, y si sufre en alguna de sus partes, ello es según el alma animal y este mundo inferior. Las palabras no pueden atraer al alma, que tiene conocimiento de la razón y que cuenta con el entendimiento sino que recibe esa impresión y esa fuerza a través de los sentidos en la medida ( por la influencia de los astros y el concurso de las cosas del mundo espíritu animal del hombre es tocado más allá de su primera o nati disposición; de la misma manera que un hijo obliga a su padre a traba a su pesar, para conservarlo y nutrirlo, aunque esté fatigado, y la envi de dominio nos sume en cólera y nos obliga a otros trabajos para engidecernos, y la indigencia de la naturaleza y el temor de la pobreza ha anhelar las riquezas, y los atavíos y belleza de una mujer la conviel en aliciente de la concupiscencia, y la armonía de un músico hábil h nacer diversas pasiones en sus oyentes, dejándose llevar unos por la movía de la música, otros conformando sus gestos a los del músico, a pf de ello, porque fueron cautivados sus sentidos, a causa de que la razón presta atención alguna a esta clase de cosas. Mas el vulgo no admira e especies de fascinaciones y ligaduras, y tampoco las detesta, porque
comunes; pero admira otras naturales porque las ignora y le resu extraordinarias. Por ello, el común de los hombres se engaña, creye: que aquello está por encima y contra la naturaleza, cuando proviene la naturaleza y se concreta según sus leyes.
Debe saberse que cada superior pone en movimiento a su infei más próximo en su rango y grado, no sólo en el orden de los cuerpos s también en el orden de los espíritus. Es así que el alma universal mundo pone en movimiento las almas particulares, y el alma razon actúa sobre el alma sensitiva, y la sensitiva sobre la vegetativa; y c parte de este mundo inferior recibe la impresión que le es hecha por cielos según su naturaleza y aptitud, como una parte del cuerpo del ani impresiona a la otra. Y el mundo superior de las inteligencias actúa y movimiento a todo lo que está debajo de él, porque contiene todos mismos seres desde el primero hasta el último. En consecuencia, los cl pos celestes dan movimiento a los cuerpos del mundo elemental, mix corruptibles y sensibles, desde el cóncavo hasta el centro, por medio esencias superiores perpetuas, y espirituales dependientes del primer entendimiento, que es el entendimiento actuante, y aun de la virtud que I infundió mediante su palabra: esa palabra es la que los sabios caldeos
Babilonia llaman la causa de las causas, puesto que esa palabra produce las entidades y el entendimiento actuante que no es sino el segundo después de él. Y ello a causa de la unión_ de este Verbo con el primer Autor que produjo verdaderamente todas las existencias. El Verbo, pues, es la imagen de Dios; el entendimiento actuante es la imagen del Verbo, el alma es la imagen del entendimiento, y nuestro verbo es la imagen del alma, por la que actúa naturalmente sobre las cosas naturales, porque la naturaleza es su obra. Y cada uno de ellos perfecciona al que le sigue, como el Padre con el I-Iijo, y no hay posterior sin primero; pues dependen unos de otros con cierta dependencia regulada, de tal manera que cuando el posterior se corrompe, se efectúa un retorno al primero más próximo, has-ta que se llega a los cielos, luego al alma universal, después al entendimiento actuante, y éste tiene su existencia en el Autor principal que es el Verbo creador al que todas las cosas retornan como a su principio.
Por tanto, nuestra alma, deseosa de realizar algo maravilloso en las cosas de este mundo inferior, debe contemplar su principio para que la fortalezca, ilumine y confiera la fuerza para actuar en todos los grados desde su primer Autor. Nos compete entonces contemplar más las almas de las estrellas que los cuerpos, más el mundo superceleste intelectual que el celeste corporal, puesto que aquél es más noble, aunque haya que considerar a éste, y esté a la entrada del otro, y que la influencia de este superior no puede continuar su curso sin atravesar como un medio. Por ejemplo, el sol, rey de las estrellas, llenísimo de luz, la recibe del mundo inteligible por encima de todas las estrellas, porque su alma es más capaz de ese esplendor inteligible; por ello, quien desee atraer la influencia del sol, debe contemplar al solo no sólo mediante la contemplación de la luz exterior sino también de la interior, y nadie podrá hacer esto sin volver al espíritu mismo del sol ni tornársele semejante, y comprender y ver, con el ojo del entendimiento, su luz inteligible, como la luz sensible mediante el ojo del cuerpo; pues éste se llenará con el esplendor de aquél, y recibirá en sí su luz, que es el hipotipo comunicado por la esfera superior: estando revestido de su ilustración, siendo verdaderamente semejante a él, y como elevado, obtendrá, en el nivel de su entendimiento, esa soberana claridad y el favor de todas las formas participantes; y una vez que haya extraído la luz del grado soberano, entonces su alma se aproximará a la perfección, se tornará semejante a los espíritus del sol, alcanzará las fuerzas e ilustraciones de la virtud sobrenatural, y se servirá de su potencia si halló fe en el primer Autor. Deberá pues solicitar, sobre todo, el auxilio y la ayuda del primer Autor, y eso no sólo oralmente sino también con gesto religioso y espíritu de súplica, rogando abundantemente sin cesar y pronunciando plegarias íntegras, a fin de que le ilumine el entendimiento y aparte de las almas las tinieblas que recobran las fuerzas a causa del cuerpo.
¿Te gustó este artículo? Entonces puede interesarte suscribirte al boletín y recibir en tu correo artículos parecido todos los días
Artículos Similares:
- EL ALMA DEL MUNDO Y LOS CUERPOS CELESTES, SEGUN LAS TRADICIONES DE LOS POETAS Y FILOSOFOS
- EL ALMA DEL MUNDO, LAS ALMAS CELESTES Y SUS FACULTADES; COMO PARTICIPAN DEL ESPIRITU DIVINO
- CONFIRMACION DE LO ANTERIOR MEDIANTE LA FUERZA DE LA RAZON
- EL SOL, LA LUNA, Y SUS RAZONES MAGICAS
- LA SUERTE O EL AZAR, Y EL ORIGEN DE LA VIRTUD ADIVINATORIA








