LA SUERTE O EL AZAR, Y EL ORIGEN DE LA VIRTUD ADIVINATORIA

image

Todas las Adivinaciones efectuadas por Azar y todas las predicciones sobre acontecimientos humanos, tienen, además de la suerte, una causa sublime oculta o encubierta que, en verdad, no es accidental, como definiera Aristóteles a la fortuna. Debido a que en el orden de las causa: (visto que según la doctrina de Platón una causa accidental no puede se] la primera y suficiente para el efecto) hemos de observar más a lo alto y hallar una causa para la suerte que conozca el efecto mismo y que lo tenga en la intención; por ello es necesario hacer consistir esa causa, no en una naturaleza corporal sino en sustancias inmateriales e incorporales que regulan verdaderamente la suerte y la disponen para indicar la verdad: como, por ejemplo, en las almas de los hombres, o espíritus separados, y demonios, o en las inteligencias celestes, o en Dios mismo. Pero para que en el alma del hombre existan poderes y virtud suficientes para dirigir estas clases de suertes, parecería que el alma del hombre tiene una virtud y semejanza divina, y que comprende y es capaz de todas las cosas. Y como lo dijéramos en el primer libro, todas las cosas le obedecen natural- mente, y necesitan movimiento y eficacia para aquello que el alma desea con fuerte anhelo; y todas las virtudes y operaciones de las cosas natura-les y artificiales le obedecen cuando el alma se transporta en un deseo tremendo. Todas las suertes de alguna especie existentes concurren y fortalecen el deseo del alma en tal estado, y adquieren fuerzas predictivas maravillosas, tanto de parte del alma como de la disposición propia de los cuerpos celestes en la hora en que esta ansia las tiene con más vigor; y esa es la razón y el principio de todas las cuestiones de la astrología; pues el alma

elevada por el tremendo deseo, obtiene por sí la hora y el tiempo más convenientes y eficaces en que está ubicada la figura del cielo, y entonces el astrólogo puede efectuar su juicio y lograr un conocimiento pleno de lo que desea saber y averiguar. Pero debido a que las suertes no son a veces conducidas por el espíritu humano sino, como lo dijimos, por el ministerio de otros espíritus, y el espíritu del intérprete no dispone de la tremenda pasión que mencionamos, por ello entre los antiguos existía la costumbre, antes de echar suertes, de efectuar un sacrificio para pedir a las inteligencias divinas y a los espíritus que condujeran su suerte. No es preciso, pues, que la poca predicción derivada de estas clases de suertes sea por causa de azar o fortuna sino porque un espíritu tuvo la fuerza de poner la fantasía en movimiento, o la mano de quien arroja o tira la suerte, ya sea que esa fuerza provenga del alma de quien opera a través de una tremenda pasión, o derive de la influencia, oportunidad celeste, o divinidad o espíritu de lo alto que asiste y brinda el movimiento para la operación, o consistan en arrojar los dados o tablillas, encontrándola en

versículos, como eran otrora las suertes de Homero y Virgilio, por medio de las cuales leemos en Ello de Esparta que Adriano quiso saber lo que pensaba de él el emperador Trajano, llegándole por azar estos versos de Virgilio:

¿Quién es este gran personaje que parece lejano, llevando en la mano ramas selectas de un olivo sagrado? Reconozco la cabellera y la barba blanca del Rey de los Romanos, que fundó la primera ciudad del mundo sobre lindes justos, surgido de un sitio pequeño y pobre, y enviado por los dioses para echar los cimientos de un gran Imperio.

No sin razón Adriano concibió grandes esperanzas de ser un día emperador. Lo mismo ocurría entre los hebreos y entre nuestros cristianos, y con el asentimiento de algunos teólogos se tiran las suertes con los versículos de los Salmos.

Hay también otras clases de suertes, y estas son las humanas, que ca-recen del arte adivinatorio según la opinión de los antiguos, y que se observa entre nosotros que son ordenadas por la ley en la elección de los magistrados para impedir la envidia. Cicerón mencionó estas suertes en sus discursos contra Verres, pero no son cuestión que nos concierna. Respecto de las suertes divinas y sagradas relativas a los oráculos y la religión hablaremos en el libro siguiente. Ahora debemos estar advertidos en el sentido de que toda presciencia, adivinación o conjetura que puedan tener las suertes, no sucede por ellas mismas sino en virtud de una operación más sublime que está unida a ellas.

¿Te gustó este artículo? Entonces puede interesarte suscribirte al boletín y recibir en tu correo artículos parecido todos los días




Artículos Similares:

Rifas semanales de SOY ESPIRITUAL
Buscador Mágico
Diccionario de Sueños

Foro Espiritual

Páginas y Frases para facebook

Postales Espirituales

cheque de la abundancia

Publicidad Espiritual

carta natal

Sanación a Distancia

Calculadora del Amor