LA PROPORCION, LA MEDIDA, Y LA ARMONIA DEL CUERPO HUMANO

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Puesto que el Hombre es obra de Dios, lo más bello y perfecto, su imagen y el resumen del mundo universal, llamado por ello microcosmos, y consiguientemente encierra en su composición completísima, en su armonía suavísima, y como en obra dignísima de todos los números, medidas, pesos, movimientos, elementos y todas las demás cosas que lo componen, y puesto que todas las cosas están en él, como en obra acabada de determinada condición elevada por encima de la concordancia común que tienen en todos los otros compuestos, es por ello que todos los antiguos contaban otrora con sus dedos, y señalaban los números con los dedos, y parece que con ello quisieron probar que se habían inventado todos los números, medidas, proporciones y armonías, a imitación de las articulaciones del cuerpo humano; de allí deriva también que, adecuándose a las medidas y proporciones del cuerpo humano, efectuaron sus compartimientos, constru} eron sus templos, edificios, casas, teatros, navíos, máquinas, toda clase de obras artificiales, y todas las partes o miembros de artes y edificios, como las columnas, capiteles, bases, frontispicios, ordenamiento de pedestales. F todas las demás cosas de esa naturaleza. Dios mismo en-

clip_image002señó a Noé cómo fabricar el arca según la medida del cuerpo humano, como El Mismo fabricó toda la máquina del mundo según la simetría del cuerpo humano, por lo que se llama a aquél macrocosmos y a éste micro-cosmos. Es por ello que algunos microcosmólogos miden el cuerpo humano por seis pies, el pie por diez grados, y el grado por cinco minutos, por lo que se cuenta sesenta grados que constituyen trescientos minutos, con los cuales obtienen una equivalencia de codos geométricos que Moisés da al arca de Noé. Asimismo, el cuerpo humano tiene trescientos minutos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto; el largo del arca fue de tres-cientos codos, su ancho, de cincuenta codos, y su alto de treinta, a fin de que una parte y otra la proporción de su largo a ancho fuese séxtuple, y el alto, décuple, y de ancho al alto, dos tercios arriba. También las conmensuraciones de todos los miembros son proporcionadas, concordantes y coinciden de tal manera con los miembros del mundo y las medidas del Arquetipo, que en el hombre no hay miembro alguno que no responda a un signo, una estrella, una inteligencia, un nombre divino, en el Arquetipo mismo que es Dios. Toda la medida del cuerpo puede girar, y Como pro-viene de la redondez se reconoce que tiende a ella siempre.

clip_image004La medida cuadrada constituye también un cuerpo muy proporcionado; pues se pone a un hombre de pie sobre sus dos pies uno contra el otro, los brazos extendidos a ambos lados. Ese hombre constituirá un cuadrado perfecto cuyo centro está en la base del pene.

clip_image006Si sobre el mismo centro se traza un círculo que pase por la parte superior de la cabeza, los brazos bajos hasta que extremos de los dedos toquen la circunferencia de su círculo, y los pies abiertos en esa misma circunferencia, mientras los extremos de las manos se hallan alejados de la parte superior de la cabeza, entonces este círculo constituido sobre el centro debajo del pene está dividido en cinco partes iguales que constituyen un pentágona perfecto; y los extremos de los talones, en relación con el ombligo, constituyen un triángulo equilátero.

clip_image008Pero si el hombre se pone con los pies extendidos de un lado y otro a derecha e izquierda, y las manos se elevan hasta los extremos de la línea que pasa sobre la cabeza, entonces los extremos de los pies y las manos constituirán un cuadrado perfecto, cuyo centro estará sobre el ombligo en la cintura del cuerpo.

clip_image010Con las manos así elevadas, los pies y las piernas extendidos de modo que el hombre sea más bajo que la décimo cuarta parte de su altura, con la distancia de los pies llevada debajo del pene, se constituirá un triángulo equilátero; y con el centro ubicado sobre el ombligo, el círculo constituido en torno tocará los extremos de las manos y los pies.

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Si las manos se extienden por encima de la cabeza lo más alto posible. los codos igualarán la parte superior de la cabeza, y si entonces el hombre está de pie con los pies juntos sobre un cuadrado perfecto, trazado por los extremos de manos y pies, el centro de este cuadrado estará sobre el ombligo, que es el medio mismo entre la parte superior de la cabeza v las rodillas.

Pasemos ahora a las medidas particulares. El contorno de un hombre por debajo de las axilas contiene la mitad de su largo, cuyo medie está debajo del pene; pero de allí hacia arriba, hasta la mitad del pecho, entre las dos tetillas, y desde el medio del ,pecho hasta lo alto de la cabeza de una parte y otra. es la cuarta parte de su largo; y de modo parecido, desde la base del pene hasta debajo de las rodillas, y de allí hasta el extremo de los talones hay una cuarta parte del hombre. Existe el mismo ancho de un extremo al otro de los hombres, v el mismo largo desde el codo hasta el extremo del dedo más largo, v a eso se lo llama un codo; así cuatro codos constitu\en el largo de un hombre, y el ancho que se halla en los hombros es de un codo; el ancho de la cintura es de un pie; seis palmas constituyen un codo, y se necesitan cuatro para constituir un pie; y cuatro dedos Para constituir una palma: v todo el largo del hombre es de veinticuatro palmas, o seis pies, o noventa y seis dedos. Desde debajo del pene hacia arriba del pecho. hay una sexta parte de su largo; desde lo alto del pecho hacia arriba de la frente en las primeras raíces de los cabellos, hay una séptima parte de su largo. La sexta parte del largo de un cuerpo robusto y 1′ien fornido es de un pie, y en un cuerpo más largo el pie es la séptima

parte; y según lo expresan Varrón y Gelio, el cuerpo humano no puede tener más de siete pies de largo. En fin, el diámetro de la cintura y el espacio del codo existente desde el estrechamiento de la mano hasta el pliegue interior del brazo, y la extensión existente desde el pecho entre las dos tetillas, o debajo hasta el ombligo, y el espacio existente entre el extremo del hueso de arriba del pecho que rodea la garganta, y el espacio existente desde la planta del pie hasta la mitad de la pierna, y de allí hasta la mitad de la rótula de la rodilla, todas estas medidas son iguales entre sí, y constituyen la séptima parte de todo el alto del hombre. La cabeza del hombre desde la base del mentón hasta la parte superior, constituye la octava parte de todo su largo; existe parecido espacio desde el codo hasta el fin de los hombros; el diámetro de la cintura de un hombre más alto, es también del mismo largo. El círculo de la cabeza trazado por encima de la frente y debajo del occipucio constituye la quinta parte de todo el largo; lo mismo ocurre con el largo del pecho. Nueve largos del rostro constituyen un hombre fornido y bien compuesto, y los diez rostros constituyen un hombre largo. Es por ello que en el largo del hombre dividido en nueve porciones, no hay sino un rostro a tomar desde lo alto de la frente hasta el extremo del mentón; luego, desde debajo de la gar- ganta o lo alto del pecho, hasta arriba del estómago, está el segundo rostro; de allí hasta el ombligo, está el tercero; desde el ombligo hasta debajo del fémur está el cuarto; desde el fémur las caderas hasta las ingles, hay dos rostros; desde las ingles hasta el tobillo, las piernas constituyen otros dos rostros; todas esas partes suman ocho: pero el arco desde lo alto de la frente hasta lo alto de la parte superior de la cabeza, y lo existente desde el mentón hasta la garganta, parte superior del pecho, y lo que va desde el tobillo hasta debajo de la planta del pie, estos tres espacios juntos constituyen el noveno rostro. El pecho constituye en su largo dos rostros, y los dos brazos constituyen siete. El cuerpo que tiene diez rostros es el más proporcionado; así, su primera parte se extiende desde la parte superior de la cabeza hasta debajo de las fosas nasales; y desde debajo de éstas hasta lo alto del pecho es la segunda; y continuando, desde lo alto del pecho hasta la parte superior del estómago se cuenta la tercera; y desde la parte superior del estómago hasta el ombligo se toma la cuarta; desde allí hasta debajo del pene se halla la quinta, y este sitio es la mitad del largo del hombre; desde allí hasta debajo de la planta de los pies se hallan otros cinco rostros, que juntos con los cinco primeros constituyen diez enteros que consiguientemente justifican y constituyen la justísima medida de todo el cuerpo: el rostro del hombre desde debajo del mentón hasta lo alto de la frente, en la raíz de los cabellos, tiene mbién el tamaño de una décima parte. La mano del hombre desde su estrechamiento hasta el extremo del dedo más largo constituye también una parte; se halla de manera parecida una parte entre los dos puntos de las tetillas, y desde estos dos puntos hasta debajo de la garganta se halla un triángulo equilátero. El ancho desde debajo de la frente, tomado de una oreja a otra, constituye una parte; el ancho de todo el pecho, tomado des-

de lo alto hasta las articulaciones de los hombros, constituye de cada lado un rostro y dos conjuntamente. El circuito de la cabeza tomado transversalmente, desde el intersticio de las cejas, pasando por encima de la frente, hasta debajo del occipucio donde termina la cabellera, está también compuesto por dos partes. Desde los hombros exteriormente hasta las junturas de las articulaciones de la mano, e interiormente desde las axilas hasta los lindes de la palma de la mano y de los dedos hay tres partes. El circuito de la cabeza pasando por la mitad de la frente constituye tres partes. El circuito de la cintura contiene cuatro partes en un hombre robusto, y en un cuerpo más delicado contiene tres partes y media, o bien la misma extensión que tenga desde lo alto del pecho hasta debajo del pene. El circuito del pecho que pasa por las axilas hacia la espalda contiene cinco partes; es decir extensión igual a la mitad de todo el largo del hombre. Desde la parte superior de la cabeza hasta la nuez de la garganta hay dos décimo-terceras partes de toda la altura. Con los brazos levantados, eI codo llega a la parte superior de la cabeza.

Veamos ahora las otras proporciones restantes, iguales entre sí. El espacio existente desde el mentón hasta la parte superior del pecho es de igual ancho que el cuello; el tamaño desde la parte superior del pecho hasta el ombligo es tan grande como el contorno del cuello; la extensión desde el mentón hasta la parte superior de la cabeza es tan grande como el ancho de la cintura; la medida existente en el intervalo desde el entre-cejo hasta la parte superior de las fosas nasales, es la misma que entre la garganta y la prolongación del mentón; y la misma medida existente desde la parte superior de las fosas nasales hasta el mentón es la desde el cuello hasta debajo de la garganta. Asimismo, en lo concerniente a la concavidad desde el entrecejo hasta los ángulos interiores, y la eminencia de la parte superior de las fosas nasales, y el espacio existente desde debajo de las fosas nasales hasta el intersticio extremo del labio superior, estos tres espacios son iguales entre sí.

Desde el extremo de la uña del índice hasta debajo de su unión, y desde debajo de su unión hasta el sitio donde la mano se articula con el brazo en la parte externa; también en la interna desde la parte superior de la uña del dedo medio hasta debajo de su juntura, y de allí hasta el estrechamiento de la mano, todas estas partes son iguales entre sí. La articulación más grande del índice es igual a la altura de la frente; las otras dos articulaciones hasta el extremo de la uña equivalen al largo de la nariz, es decir, desde el entrecejo hasta la parte superior de las fosas nasa-les. La articulación primera y más grande del dedo medio es igual al espacio existente desde la parte inferior de las fosas nasales hasta el extremo del mentón; y la segunda articulación del dedo medio tiene igual medida de extensión a la existente desde debajo del mentón hasta la parte superior del labio inferior; y la tercera articulación tiene igual extensión a la existente desde la boca hasta la parte inferior de las fosas nasales; y toda la mano es tan grande como el rostro. La articulación más grande del pulgar tiene igual extensión que la abertura de la boca; lo mismo ocu-

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rre desde la base del mentón hasta la parte superior del labio inferior; la articulación más pequeña contiene el espacio equivalente al que existe entre la parte superior del labio inferior hasta la parte inferior de las fosas nasales. Las uñas tienen justamente la mitad del espacio de las últimas articulaciones, y se las denomina articulaciones unguiales.

Desde el entrecejo hasta el extremo de los ángulos de los ojos hay un espacio equivalente al existente desde estos mismos ángulos hasta la entrada de las orejas. La altura de la frente, el largo de la nariz y el ancho de la boca, tomado por el labio superior, son iguales entre sí; de manera semejante, el ancho de la palma de la mano y el ancho de la planta del pie son iguales. La altura existente desde debajo del talón hasta arriba del pie es igual al largo existente desde arriba del pie hasta el extremo de la uña. Desde la parte superior de la frente hasta el intersticio de los ojos, y desde debajo de las fosas nasales y aún hasta el extremo del mentón, todas estas partes son iguales. Las cejas juntas forman círculos, y los semicírculos de las orejas son iguales a la boca abierta: por ello los círcu-Ios de los ojos, de las orejas y de la boca abierta son iguales entre sí. El ancho de la nariz es de igual tamaño que el largo del ojo, y por tanto los ojos contienen las dos partes de ese espacio que existe entre los dos extremos de los ojos; la nariz que está entre ambos llena la tercera parte.

Desde la parte superior de la cabeza hasta las rodillas, el ombligo tiene la mitad; desde lo alto del pecho hasta debajo de las fosas nasales, el medio está en la nuez de la garganta; desde lo alto de la cabeza hasta debajo del mentón, los ojos forman el medio; desde el hueco de los ojos

hasta el extremo del mentón, ‘el medio está debajo de las fosas nasales; desde debajo de las fosas nasales hasta debajo del mentón, el extremo del labio inferior ocupa el medio; y el labio superior desde debajo de las fosas nasales constituye la tercera parte de esa distancia.

Además, todas estas medidas se forman de acuerdo con diferentes y armoniosos conciertos, concordantes todos entre sí. El dedo gordo, que es el pulgar, respecto del brazo en el extremo del músculo y cerca del pulso y la articulación de la mano mide el contorno de la muñeca, y se halla cerca de doble proporción y media, puesto que la contiene dos ve-ces y media como la proporción de cinco relacionada con dos; y la pro-porción del mismo dedo hacia arriba del brazo en el músculo que está cerca de los hombros es alrededor del triple. El tamaño de la pierna comparado con el del brazo está en proporción de’ uno y medio, igual que la proporción de tres a dos; y la proporción del cuello respecto de la pierna, es como la que existe respecto del brazo. La proporción del muslo respecto del brazo es triple; la proporción de todo el cuerpo respecto del tronco es un octavo y medio; tomando desde el tronco o tórax hacia las piernas hasta las plantas de los pies, se encuentra una tercera proporción y media. La proporción del pecho, tomando desde el cuello hasta el ombligo hacia los lomos o el vientre hasta el fin del tronco es doble; su ancho, comparado con el del muslo, es de una proporción y media; la de la cabeza respecto del cuello es triple, de modo parecido a la de la cabeza respecto de las rodillas, que es triple, igual que respecto de la gordura de la pierna. El largo de la frente tomado, entre los extremos de las sienes, en su altura relativa, es cuádruple.

He aquí las medidas que se hallan ordinariamentg, con las que

.las partes del cuerpo humano según su largo, ancho, profundidad y

circuito concuerdan en conjunto igual que coinciden también con

las dimensiones de los mismos cuerpos celestes. Todas esas

medidas se dividen en muchas clases de proporciones, o mixtos, de

donde también resultan muchas clases de armonías; la doble

proporción constituye tres veces el-diapasón; la cuádruple

constituye dos veces el diapasón, y el diapente.

De igual manera, los elementos, cualidades, complexiones y

humores tienen naturalmente sus proporciones. Estas medidas se

acuerdan a un hombre sano y bien constituido, a saber: ocho

porciones de sangre, cuatro de flema, dos de cólera y una de

melancolía, de modo que al tomarlas de una parte y de otra, por

orden, la proporción debe ser doble; pero de la primera a la tercera,

y de la segunda a la cuarta es cuádruple; de la primera a la última es

óctuple. Dioscórides enseñó que el corazón del hombre, en su

primer año, pesa dos dracmas; en el segundo año, cuatro, v de allí

en adelante pesa cien dracmas; desde ese año, si se efectúa de

nuevo el cómputo justo de sus decrecimientos, se descubrirá que

establecido el círculo vuelven al mismo fin, y que no resta más

espacio para la vida, porque ese corazón se consumió; por ello

Dioscórides limitó la vida humana a cien años. Plinio informa que

esta era también la opinión de los egipcios. Cada hombre tiene en sí

el movimiento de su corazón, el

cual, al responder al movimiento del sol, comunicado por las arterias a todo el cuerpo, nos señala como una norma muy cierta, los años, los meses, los días, las horas y los momentos.

Además, los anatomistas descubrieron cierto nervio que está alrededor de la nuca, que, traccionado, acuerda tal movimiento a todos los miembros del hombre que cada uno en particular efectúa su propio movimiento; Aristóteles cree que Dios, con una tracción semejante, da también movimiento a los miembros del mundo. En el cuello hay dos venas, que en el sitio donde se dividen en dos ramas en la garganta entran en la cabeza y, si se las presiona con fuerza por fuera, los hombres caen al punto priva-dos del uso de los sentidos hasta que se los suelta.

Mas el Obrero Eterno que creó el mundo, como debe enviar el espíritu al cuerpo cómo a su casa, le asigna una morada digna de él, y de esa manera brinda a este nobilísimo espíritu un cuerpo bello, que entonces el ‘ espíritu mismo, conocedor de su divinidad, se apropia para su vestido y lo embellece. Por ello los pueblos de Etiopía, conducidos por la sabiduría de sus sacerdotes llamados gimnosofistas, según lo informa Aristóteles, no escogían sus reyes entre los más fuertes y ricos sino sólo entre quienes eran más bellos y mejor constituidos, en razón de que creían que aquellos podían considerar y atender la belleza de los espíritus por relación con la imagen del cuerpo. Basados en esa consideración, gran número de filósofos antiguos y modernos, que buscaron curiosamente en la majestad misma de la naturaleza el secreto de las causas ocultas, osaron decir que no existía falta o defecto en la proporción corporal que no proviniese de una falta o intemperancia espiritual; porque es cierto que el cuerpo crece y efectúa sus funciones mediante el ministerio del espíritu.