EL VERDADERO MOVIMIENTO DE LOS CUERPOS CELESTES; LA OCTAVA ‘ESFERA; LA NATURALEZA DE LAS HORAS PLANETARIAS
Quienes deseen realizar sus operaciones según la oportunidad del cielo deben observar dos cosas, o de ambas, una, a saber: los Movimientos de las estrellas, o los Tiempos. Me refiero a los movimientos cuando están en sus elevaciones, o en sus descensos, esenciales o accidentales; me refiero a los tiempos, los días y las horas distribuidos en sus dominaciones.
Los astrólogos hablaron con bastante amplitud sobre todas estas cosas en sus libros, donde podrá recurrirse en procura de instrucción. Debemos pensar aquí principalmente en dos cosas. La primera: observar los movimientos de las estrellas, sus ascendentes, sus ángulos, en qué estado se hallan verdaderamente en la • octava esfera; muchos descuidan de hacer esto y cometen muchos errores al levantar las figuras de los cuerpos celes-tes y por ello se ven privados del fruto que esperan.
Lo otro que debe observarse son los tiempos, buscando las horas de los planetas. Casi todos los astrólogos dividen todo el intervalo del tiempo desde la salida del sol hasta su puesta en doce partes iguales, y las llaman las doce horas del día, y luego, el tiempo que sigue desde la puesta del sol hasta él orto, dividido de modo parecido en doce partes iguales que llaman las doce horas de la noche; luego dividen cada una de estas horas en cada uno de los planetas, según su orden de sucesión, dando siempre la primera hora del día al Señor de este día, seguido por cada uno de los planetas según su ‘orden hasta el fin de las veinticuatro horas. Los magos reciben esa división de los astrólogos; pero hay algunos que no están de acuerdo en cuanto a la división de las horas y dicen que el intervalo desde el orto hasta el ocaso del sol no se debe dividir en partes iguales y que estas horas no se llamaron iguales porque las del día sean desiguales respecto de las de la noche, sino porque las del día y la noche, cada una en particular, son también desiguales entre sí. En consecuencia, la división de estas horas desiguales de los planetas tiene otro fundamento de medida y división sobre el que se basan los magos, a saber, así como en las horas del día artificial que son siempre iguales entre sí, las ascensiones de quin-ce grados en el equinoccio constituyen una hora artificial; asimismo, en las horas planetarias, las ascensiones de quince grados de la eclíptica constituyen una hora planetaria o desigual, de la que debe buscarse y hallarse la medida en las tablas de ascensiones oblicuas de cada región.
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