Santos Ángeles Custodios
Ramillete espiritual: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.» I Cor. 10, 13
«Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día. Aunque espíritu invisible, sé que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones, y cuentas todos mis pasos. En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho, tus alas de nácar y oro. Ángel de Dios, que yo escuche, tu mensaje y que lo viva, que vaya siempre contigo, hacia Dios, que me lo envía. Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía».
Así de hermosa es la poesía con que dan comienzo las laudes de este día. En ella ya se encuentra sintetizada la espiritualidad y sentido de esta fiesta.
La existencia de los ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Un ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparece el ángel liberando a Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel…
En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Smo. Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales… la presencia del Ángel de su Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.
Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.
Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».
Santo Tomás de Aquino dividió los Coros angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».
Los mismos Salmos hablan con frecuencia de los Ángeles. Jesucristo se refirió en varias ocasiones a la misión de estos Espíritus purísimos. San Agustín afirmaba en su tiempo que «el Ángel de la Guarda nos ama como a hermanos y está con una santa impaciencia por vernos ocupar en el cielo aquellas sillas de que se hicieron indignos los ángeles rebeldes». ¿Qué hacer nosotros por el Ángel, ya que tanto hace él por nosotros? Dice el Éxodo: «Respétale y escucha su voz… Si oyes su voz y ejecutas cuanto te ordene, seré enemigo de tus enemigos».
DEVOCIÓN A LOS SANTOS ÁNGELES
El Angel del cielo
El Angel del cielo anunció a María que Dios la escogía, toda la tierra callada porque un lirio florecía. En mi Dios, mi salvador me salta el alma de gozo, pues el santo y poderoso ha hecho en mí maravillas, por ser pequeña y sencilla. ¿Cómo le tendré si no estoy casada y solo desposada con el señor san José? Más a mi Dios creeré. El Angel contesta: No temas, María para su venida, te cubrirá con su manto el Espíritu Santo. Se inclinó la Virgen con santo temor en adoración y respondió: Que así sea según el Señor desea. Y el Verbo divino encontró morada en Niña guardada, entre todas las mujeres una sola inmaculada.
Dios ha creado no sólo las cosas que vemos, sino también otras que no vemos: los Angeles. Son más perfectos que nosotros, porque son espíritus, sin cuerpo, pero son igualmente criaturas de Dios. Como las demás criaturas, los Angeles han sido creados para la gloria de Dios, para que le alaben, para que le obedezcan, para que sean sus mensajeros y para el cielo, donde está la felicidad eterna de los ángeles y de los hombres junto a Dios nuestro Padre. Ellos también fueron adornados con la gracia santificante, elevados al orden sobrenatural. Algunos se revelaron contra Dios, su Creador y Padre, y en castigo de su pecado fueron condenados al Infierno eterno. Perdieron la gracia, perdieron a Dios y perdieron el Cielo. Son los demonios.
Los que llamamos ángeles son los que permanecieron fieles a Dios. Algunos de ellos fueron encomendados por Dios para la guarda de los hombres. Cada hombre tiene un Angel de la Guarda (nos protegen en la tierra y nos ayudan a llegar al cielo). Debemos honrar a nuestro Angel de la Guarda, encomendándonos a él, sobre todo en las tentaciones y peligros, siguiendo sus inspiraciones y respetando su presencia.( la Iglesia celebra la fiesta de los arcángeles San Miguel, San Rafael y san Gabriel el 29 de septiembre, de los Santos Angeles Custodios el 2 de Octubre)
Angel de mi guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche ni de día;
ni en la hora ( o “no me dejes solo”)
de mi muerte. ( o “que me perdería”)
Amén.
Palabras memorables de la Santísima Virgen a Sor María de Jesús, referente al amor y respeto que debemos tener a los Espíritus angélicos.
“La Santísima Virgen dijo un día a su piadosa servidora: “Hija mía, no puede admirarse suficientemente el amor, la fidelidad, el cuidado con que los Espíritus angélicos proveen a todas las necesidades de los hombres. ¿Cómo no censurar la ingratitud y el olvido que éstos pagan las bondades de sus celestiales custodios? Sabe, hija mía, que por ministerio de los Angeles recibirían los hombres del Señor infinitas luces y gracias si no pusieran obstáculos, con sus pecados e indiferencia, a este beneficio inestimable”
EN HONOR DE TODOS LOS ÁNGELES
Santos Angeles, Arcángeles, Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades, Virtudes celestiales, Querubines y Serafines, Patriarcas y Profetas, Santos Doctores de la ley, Apóstoles, todos los Mártires de Cristo, Santos confesores, Vírgenes del Señor, Anacoretas y todos los Santos, interceded por nosotros.
V. Todos los Santos y Santas del Señor.
R. Interceded por nosotros.
ORIGEN DE LA CORONA ANGÉLICA
El Arcángel San Miguel se apareció un día a la sierva de Dios Antonia de Astonac, y le dijo que deseaba ser honrado con nueve salutaciones, correspondientes a los nueve coros de los Angeles. Cada una de ellas consiste en rezar un Padre Nuestro y tres Ave María en honor de las tres jerarquías angélicas. Al fin se dicen cuatro Padre Nuestro: el primero en honor de San Miguel y los otros tres en honor de San Gabriel, San Rafael y del Santo Angel Custodio.
Tal es el obsequio que el príncipe mismo de la celestial milicia sugirió a la sierva de Dios, prometiéndole que todos cuantos la practicasen antes de la Comunión, serían acompañados a la Sagrada Mesa de un ángel de cada uno de los nueve coros. Además, prometió, a quien rezase cada día estas nueve salutaciones, su asistencia continua y la de los santos ángeles durante la vida, y, para ellos como para sus parientes, la pronta libertad de las penas del Purgatorio después de su muerte. (Vidas de la sierva de Dios Antonia de Astonac, libro 3°, capítulo 74)
MODO DE REZAR LA CORONA ANGÉLICA
V. Deus in adjutorium meum intende.
R. Domine, ad adjuvandum me festina.
Gloria al Padre, etc.
1ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al primer coro de los Angeles
Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de los Serafines, dignaos, Señor, hacernos dignos de una caridad perfecta. Así sea.
2ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al segundo coro de Angeles
Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de los Querubines dignaos, Señor concedednos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr en el de la perfección cristiana. Así sea.
3ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al tercer coro de Angeles
Por la intercesión de San Miguel y del Coro sagrado de los Tronos, concedednos, Señor, el espíritu de una humildad verdadera y sincera. Así sea.
4ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al cuarto coro de Angeles
Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de las Dominaciones, concedednos, Señor, la gracia de dominar nuestros sentidos y corregirnos de nuestras malas pasiones. Así sea.
5ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al quinto coro de Angeles
Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del celeste coro de Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Así sea.
6ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al sexto coro de Angeles
Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del Coro de las admirables virtudes celestiales, no permita el señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Así sea.
7ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al séptimo coro de Angeles
Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del Coro celeste de los Principados, dígnese el Señor llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Así sea.
8ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al octavo coro de Angeles
Por la intercesión del glorioso Arcángel San Miguel y del Coro Celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Así sea.
9ª Salutación
Un Padre Nuestro y tres Ave María al noveno coro de Angeles
Por la intercesión de San Miguel y del coro celestial de los Angeles, dignaos, Señor, concedernos la gracia de ser guardados por ellos durante esta vida mortal, para ser conducidos enseguida a la gloria eterna del cielo. Así sea.
Al fin se rezan cuatro Padre Nuestro: el primero a San Miguel; el segundo a San Gabriel; el tercero a San Rafael; y el cuarto al Angel Custodio.
Se termina este ejercicio como sigue:
ANTÍFONA
Gloriosísimo Príncipe San Miguel, jefe y conductor de los ejércitos celestiales, depositario de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor de la real casa de Dios, nuestro guía admirable después de Jesucristo, cuya excelencia y virtud son sobrehumanas, dignaos librarnos de todos los males, a todos los que acudimos a Vos con una entera confianza, haced que, por medio y con el auxilio de vuestra incomparable protección, sirvamos siempre fielmente a nuestro Dios, y adelantemos cada día más en su servicio.
V. Rogad por nosotros, bienaventurado San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que podamos ser hallados dignos de sus promesas.
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que con un prodigio de bondad y misericordia por la salvación de todos los hombres elegiste por príncipe de vuestra Iglesia al glorioso San Miguel Arcángel, te suplicamos nos hagas dignos de que su benéfica protección nos libre de todos nuestros enemigos para que ninguno de ellos nos moleste en la hora de nuestra muerte; sino que seamos conducidos por él a la presencia de vuestra divina Majestad. Por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Así sea
ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA PARA TODOS LOS DÍAS
(Santa Gertrudis)
Oh santo Angel de Dios a cuya guarda he sido confiado por una providencia misericordiosa, te doy gracias por la protección con que habéis rodeado mi vida temporal y la vida, aún más preciosa de mi alma. Te doy gracias por lo fielmente que me ayudas, por tu protección constante, por tus defensas del los ataques del ángel de las tinieblas. Bendita sea la hora desde la cual trabajas en mi salvación; que el corazón de Jesús lleno de amor por sus hermanos, te recompense. ¡Oh! mi Angel tutelar; cuánto me arrepiento de mis resistencias a vuestras inspiraciones, de mi poco respeto por vuestra santa presencia, de tantas faltas con las cuales os he contristado. Tú, mi mejor y más fiel amigo, perdóname, no dejes de iluminarme, de guiarme y de reprenderme. No me abandones un solo instante hasta aquel que sea el último de mi vida y que entonces mi alma llevada sobre vuestras alas, encuentre misericordia ante su Juez y la eterna paz entre los elegidos por Dios. Así sea.
Novena a los
Santos Angeles
2 de Octubre
Meditación
Los ángeles nos acompañan en adoración. Son ministros del Señor, infinitamente bueno. Es voluntad de Dios que nos ayuden a adorarle.
Los ángeles presiden las reuniones del culto cristiano, como se ve por las oraciones de la Iglesia. La liturgia es una participación de la que celebran los ángeles en el Cielo. Unámonos a ellos con reverencia para alabar a Dios. Su ministerio consiste en inspirarnos con fe y amor a que realicemos dignamente nuestra adoración. Nos preparamos internamente para recibir los Sacramentos, pues la Iglesia los invoca en nuestra ayuda.
Los ángeles nos ayudan contra el mal. Ellos nos ayudan en la lucha contra el diablo. El Nuevo Testamento nos pide que tengamos fe en Dios, fe en Cristo, y que usemos las armas de Dios. Dios envió sus ángeles para darnos la ayuda que necesitamos contra el mal. Este es su misterio en la obra de nuestra salvación, continuando la batalla una vez comenzada contra Lucifer y sus ángeles rebeldes.
Nos inspiran pensamientos contra las insinuaciones diabólicas y nos invitan a que acudamos a Dios en oración. Solo en el Cielo conoceremos lo mucho que realmente nos han ayudado en la lucha contra el diablo.
Los ángeles anhelan nuestra salvación. Con los ángeles participamos de la vida divina, y somos como ellos criaturas de Dios en Cristo Jesús. Por eso, ellos anhelan nuestra salvación; que juntos con ellos glorifiquemos a Dios y disfrutemos viendo su gloria.
Con gozo los ángeles aceptan las misiones que Dios los encomienda para nuestra santificación. Vencedores de los demonios, los ángeles nos protegen contra los enemigos del alma. Haríamos bien pidiéndoles que nos asistan para rechazar las tentaciones del Malo.
Los ángeles, además, presentan nuestras oraciones ante Dios acompañando con sus plegarias nuestras peticiones. Nos conviene, pues, encomendarnos a ellos especialmente en los momentos difíciles y sobre todo en la hora de la muerte, para que nos defiendan de los ataques del enemigo y lleven nuestras almas al Cielo.
Tenemos Ángel de la Guarda. Hay algunos ángeles con misión de cuidar de las almas en particular. Se les llaman Angeles de la Guarda. Es doctrina tradicional de los primeros escritores de la Iglesia, basada en textos de la Sagrada Escritura y fundada sobre razones sólidas. Lo prueba el hecho de haber establecido la fiesta en honor de los Angeles de la Guarda.
El Creador no abandona las criaturas a que dio existencia; les proporciona cuanto necesiten para lograr su perfección natural. Cristo murió por todos y para todos mereció los medios de salvación. La asistencia de los ángeles es parte del plan de Dios para salvar a todas las gentes.
Los ángeles también oran por nosotros. En las vidas de los santos observamos que se comunican frecuentemente con los ángeles. Comunicación fundada en la sencilla fe de que espíritus invisibles a quienes el amor induce a orar por las personas en particular y por las comunidades ante el torno de Dios.
Los ángeles ayudan ante todo en el campo espiritual y sobrenatural. Esto lleva consigo su solicitud por las necesidades corporales en la medida en que éstas se relacionan con la salvación y santificación.
Debemos amar y venerar al propio Angel de la Guarda, por que él nos mantiene en comunicación con el Cielo. Ha sido siempre y continúa siendo nuestro devoto amigo, dispuesto en todo momento a ayudarnos en nuestro camino del Cielo.
Honrando a nuestro Angel de la Guarda, honramos a Dios al mismo tiempo, pues lo representan
en la tierra. Es gran honor tener por amigo a criatura tan bella y leal a Dios.
La Palabra de Dios
He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado.
Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre. Ex 23, 20-21
Que Él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.
Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; Sal 91, 11-12
«Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. Mt 18, 10
Oraciones
Oración propia de la novena
Padre Celestial, Creador de cielo y tierra, te alabo y te doy gracias porque, además de crear el mundo visible, has creado los cielos y los innumerables espíritus. Los creaste con todo esplendor, dotados de poder y de entendimiento, y dándoles en abundancia las riquezas de tu gracia.
Te alabo y te doy gracias por haber derramado estas bendiciones sobre los ángeles buenos, en especial sobre mi Angel de la Guarda, y por haberles premiado con la gloria eterna cuando pasaron el tiempo de prueba. Ahora rodean tu trono para siempre jubilosos: Santo, santo, santo, ¡ Señor Dios de los ejércitos! El cielo y la tierra están llenos de tu gloria. ¡Hosanna en las alturas!
Hijo eterno de Dios, te rindo honor como al Rey de los ángeles. Tú mismo te has dignado nombrarte y actuar como ellos viviendo entre nosotros, como Angel y Mensajero de Dios. Fuiste el compañero fiel y el constante guía del pueblo escogido. Por tu encarnación viniste a ser el embajador de nuestro Padre celestial y el Mensajero del gran decreto de la Redención.
Para tu mayor gloria, amable Rey de los ángeles, deseo alabar y honrar a tus servidores, los santos ángeles, en especial a mi Angel de la Guarda. En unión de los santos ángeles te adoro y reverencio como mi Salvador y mi Dios.
Espíritu Santo, divino Artista, Dedo de la mano de Dios, con tu poder y amor creaste los ejercito de los ángeles para adorar y servir a Dios. Lo cumplen con fidelidad constante y pronta obediencia. Con amor ferviente y santo celo ejecutan tus órdenes. Divino Espíritu, Tú nos creaste también a semejanza tuya y nos convertiste en templos vivos de nuestras almas.
Te doy gracias por habernos dado tus santos ángeles, que nos ayudan, protegen y guían para que perseveremos en tu gracia durante el viaje de la vida y lleguemos salvos a nuestro hogar del Cielo. Ayúdame a escuchar atentamente sus órdenes para cumplir perfectamente tu santa voluntad y hallar al mismo tiempo felicidad en esta vida y en la venidera.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en honor de los santos ángeles te pido que, si es tu voluntad, me concedas esta gracia particular (mencione el favor que desea)
Oración a los ángeles
Angeles y Arcángeles, Tronos y Dominaciones, Principados y Poderes. Virtudes de los Cielos, Querubines y Serafines alaben al Señor por siempre.
Alaben al Señor todos sus ejércitos, siervos que cumplen su voluntad.
Santo Angel que confortaste a Jesucristo, nuestro Señor, ven y confórtanos a nosotros también. ¡Ven no tardes!
Oración a nuestro Angel de la Guarda
Querido Angel de la Guarda, por la misericordia de Dios me has sido dado para que seas fiel compañero de mi destierro en este mundo. Te honro y amo como amigo devoto a quien Dios ha encomendado el cuidado de mi alma inmortal. Te doy gracias de todo corazón por tu amor y constante cuidado de mí.
Queridísimo amigo-Angel, te pido me guardes y protejas a mí, pobre pecador. Guíame por el camino de la vida. Amonéstame contra cualquier ocasión de pecado, llena mi alma de saludables pensamientos y decidido ánimo de practicar la virtud. Intercede para que yo participe de tu ardiente celo en el servicio de Dios y con devoción ame su divina voluntad.
Perdóname querido ángel por haber menospreciado con tanta frecuencia tus consejos y no haber hecho caso de tus consejos y no haber hecho de tus inspiraciones. Procuraré en lo futuro obedecerte con decisión y fidelidad. Tú sabes lo que vale mi alma a los ojos de Dios. No me permitas olvidar que fue redimida por la preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Que ninguna mancha de pecado desfigure la belleza de mi alma, ningún mal pensamiento o acción me prive de la dignidad de hijo de Dios. No permitas que sirva de escándalo, ni sea ocasión de pecado para otros destruyendo así la obra que Cristo ha realizado en sus almas con su dolorosísima Pasión y Muerte.
Querido Angel Guardián, haz que yo disfrute de tu protección en este peligroso comino de la vida hasta alcanzar mi eterno hogar en el Cielo donde, en unión contigo y los demás Angeles y Santos, alabe para siempre la misericordia que Dios tiene conmigo. Amén.
Oración final
¡Oh Dios! Por tu providencia te has complacido en mandar tus santos ángeles para que nos protejan, nos defiendan siempre, nos custodien y disfrutemos de su compañía.
¡Señor! Te suplicamos visites nuestro hogar y alejes todas las asechanzas del enemigo. Que tus santos ángeles habiten nuestra casa y nos custodien en paz. Tu bendición siempre nos acompañe.
¡Todopoderoso y eterno Dios! En tu amable providencia has designado a todos desde el día de su nacimiento un ángel particular para que sea Guardián de su cuerpo y alma. Concédeme amar y honrar al mío de tal modo que, protegido por sus gracias, y con su ayuda, merezca contemplarte en su compañía y la de todos los ejércitos celestiales, la gloria de tu rostro en el Reino celestial. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Canción a los ángeles Santos
1. Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos,
Palmas de Belén
Que mueven, airados,
Los furiosos vientos
Que suenan tanto,
No le hagáis ruido,
Corred más paso;
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos,
El Niño divino,
Que está cansado
De llorar en la tierra
Por su descanso,
Sosegar quiere un poco
Del tierno llanto;
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos,
Rigurosos hielos
Le están cercando;
Ya veis que no tengo
Con qué guardarlo;
Ángeles divinos,
Que vais volando,
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos.
Lope de Vega
Día 2 de Octubre Santos Angeles Custodios |
Mateo 18, 1-5. 10 En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: |
En el día de los Ángeles Custodios |
Hoy hace setenta y cinco años que Dios inspiró el Opus Dei en san Josemaría. Se celebraba entonces, como en el día de hoy, la fiesta de los Santos Angeles Custodios. Es para bastantes una celebración que pasa inadvertida, pero no pasaba para monseñor Escrivá que trató siempre con mucha piedad y confiadamente a los ángeles, a los que consideraba grandes aliados en su vida de relación con Dios. Si es cierto que el Opus Dei alcanzó, ya en vida del Fundador, una importante extensión en los cinco continentes, siempre en servicio fiel a los Romanos Pontífices y a la Iglesia, no faltaron, sin embargo, las dificultades desde el primer momento al Fundador y a los pocos que comenzaron con él la tarea. Se trataba aquella labor de un verdadero trabajo. Debía ser, como alguien denominó a su ocupación ya en los primeros momentos, Obra de Dios, Opus Dei, Operatio Dei, Trabajo de Dios. Un quehacer que se presentaba, para don Josemaría y para los primeros que quisieron seguirle, con la exigencia propia de lo que Dios quiere. No únicamente de lo que desea Dios en general y así debe llevarse a cabo en el mundo, en el curso de la historia. Se trataba más bien de la tarea que a él –a san Josemaría– le había sido expresamente encomendada por Dios. El Opus Dei y su persona formaban de tal modo una unidad en la mente divina, que no podría entenderse su vida al margen de la Obra. Con esta claridad y radicalidad entendió la llamada de Dios –su vocación– el día 2 de octubre de 1928. Se presentaba ante él una tarea tan inmensa como un mar sin orillas, según sus propias palabras. Y para llevar a cabo semejante empresa de evangelización se reconocía falto de medios humanos. Tenía entonces 26 años, la Gracia de Dios y buen humor, y nada más: así lo reconoció con frecuencia. Por eso, el Opus Dei comenzó con oración y mortificación y sólo así saldrá adelante, solía decir. Entre otros modos de oración, buscó desde el primer día la ayuda de los ángeles custodios, en cuya fiesta Dios le había hecho ver su voluntad. En Camino, la segunda de sus publicaciones, que sintetiza buena parte del espíritu que Dios le pidió transmitir, se recogen bastantes referencias a la acción angélica en la vida de los hombres. Son textos, todos ellos, apoyados en la experiencia de su propia vida o en la vida de las personas con que trató en los años treinta y antes. Escribe, por ejemplo: Ten confianza con tu Angel Custodio. —Trátalo como un entrañable amigo –lo es– y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día. Las historias ya publicadas de la vida del Fundador y de los primeros momentos del Opus Dei, recogen no pocas veces ejemplos concretos de la acción de los ángeles en su quehacer ordinario y en su apostolado. Aconsejaba, por ejemplo: Gánate al Angel Custodio de aquel a quien quieras traer a tú apostolado. —Es siempre un gran “cómplice”. Y en otro momento: Si tuvieras presentes a tu Angel y a los Custodios de tus prójimos evitarías muchas tonterías que se deslizan en la conversación. Y es que san Josemaría consideraba a los ángeles más próximos y activos que lo que pueden serlo los propios hombres. Te pasmas –declara– porque tu Angel Custodio te ha hecho servicios patentes. —Y no debías pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a ti. En este sentido, como es ya sabido, llamaba el Fundador a su custodio “El relojerico”, aludiendo a que muchas veces le había puesto en marcha su viejo reloj, en momentos en que no disponía de lo imprescindible para encargar su reparación. En todo caso, se apoyaba en la protección angélica, con una singular confianza, y no sólo para la solución de problemas materiales: Gustosamente –afirma– harían su oficio los Santos Angeles Custodios con aquella alma que les decía: “Angeles Santos, yo os invoco, como la Esposa del Cantar de los Cantares, ‘ut nuntietis ei quia amore langueo’ —para que le digáis que muero de amor”. Pues conviene no olvidar que somos, los ángeles y los hombres, criaturas del único Dios, llamados a la existencia para su gloria. Ellos nos preceden en la Bienaventuranza y comprenden por tanto como nadie la grandeza de nuestro destino y que lo alcanzamos únicamente por libre decisión de amor. Nos conviene, por consiguiente, fomentar con ellos un trato confiado y habitual, como se tiene con el cómplice o el aliado, que nos ayuda desde “dentro”, pues está interesado en nuestro mismo objetivo. Si en tiempos de los Partriarcas no era infrecuente la relación de los hombres con los ángeles, en la época apostólica debía ser algo habitual: Bebe en la fuente clara de los “Hechos de los Apóstoles” –leemos en Camino–: en el capítulo XII, Pedro, por ministerio de Angeles libre de la cárcel, se encamina a casa de la madre de Marcos. —No quieren creer a la criadita, que afirma que está Pedro a la puerta. “Angelus ejus est!” —¡será su Angel!, decían. ¡Reina de los Angeles!, aclamamos a Santa María, Madre nuestra; para que, con ellos, unidos a la Madre de Dios, nos sintamos seguros en nuestra marcha de cada día hacia la casa del Padre. |









